Una historia de familia, oficio y sensibilidad que se convirtió en Fidela.
Crecimos en una casa donde los aromas estaban siempre presentes — la comida de los domingos, las flores del jardín, la cera derretida de una vela sobre la mesa. Hoy traemos esa memoria a un proyecto compartido.
Caminos complementarios: la exploración aromática y la sensibilidad sensorial de Mimi, la mirada estratégica y la estructura operativa de Kari. Una marca que existe porque ninguna de las dos podría sostenerla sola.
Cada vela, cada difusor, cada jabón pasa por nuestras manos. Trabajamos en tiradas reducidas porque creemos en hacer menos, pero mejor: cuidar la formulación, los materiales y el tiempo que cada pieza necesita para terminar bien.
Nuestro taller funciona como un laboratorio vivo de formulación. Mezclamos esencias, probamos blends, ajustamos notas hasta encontrar el aroma exacto que buscamos. Cada producto que llega a tu casa pasó primero por esa cocina íntima.
Trabajamos con cera de soja, plantas, flores y extractos botánicos de trazabilidad declarada. Veganas. Cruelty-free.
Cada decisión — desde los proveedores hasta los envases — se sostiene por una idea clara: producir sin comprometer.
Tiradas reducidas. Cada pieza tiene tiempo, atención y un lugar.
Materiales nobles y formulaciones cuidadas. Nada llega al producto sin pasar prueba.
El aroma como lenguaje íntimo. Memoria, ritual, permanencia.
Hecho a mano, una pieza a la vez. El oficio como forma de pensar.
Veganas, cruelty-free, botánicas con trazabilidad declarada.